El legado mítico de Invictus nos recuerda que lo verdaderamente imbatible no es la victoria sobre otros, sino la fortaleza de nuestro propio ser frente a los desafíos. Esta invencibilidad no se mide solo en trofeos o récords, sino en la capacidad de sostener el compromiso, la constancia y la entrega en aquello que hacemos, transformando cada esfuerzo en un acto sagrado.
El deporte puede contemplarse como un estado de competición frente al adversario o como un ejercicio de profunda evolución personal y colectiva, donde el adversario solo es la vara de medir a la hora de determinar si el esfuerzo, la constancia y el sacrificio (entiéndase como sacro-oficio, hacer de tu actividad una vocación, un acto sagrado) han merecido la alegría de ser vivenciadas.
Cuando unas preadolescentes se presentaron al campeonato de España de voleibol por primera vez en 2024, para sorpresa de muchos ganaron, este año vuelven a ganar de forma consecutiva. Sin perder ningún set, «Invictas«.
Nativas de un pueblo donde sobresalen personalidades referentes en el ámbito de la cultura, del arte y la religión, también emergen desde hace varias décadas personas referentes del ámbito deportivo.
¿Qué valor tiene destacar en tantos ámbitos en un pequeño y humilde pueblo cordobés? ¿es posible mantener la llama del asombro y la ilusión al corroborar una nueva puesta en valor?
Deseo que estas victorias no banalicen el valor de lo cotidiano, del esfuerzo y la constancia en lo invisible del día a día.
“Invictus” simboliza la capacidad de mantener la integridad, la determinación y la dignidad interna, sin importar las dificultades externas.
Refiere a la idea de que, aunque no podamos controlar lo que sucede en el mundo, sí podemos controlar nuestra respuesta, nuestra actitud y nuestra voluntad.
Ojalá estas jugadoras consigan articular sus vidas de manera inquebrantable, honrando lo sagrado de cada esfuerzo y la belleza de su propio camino. Les deseo lo mejor.

